Desastres naturales devastadores continúan golpeando a México. ¿Qué significa y qué sigue?

Mientras México sigue contando las víctimas y evaluando los daños del último sismo que golpeó a la capital, que se estima pueda alcanzar los $10bn, de acuerdo con el Servicio Geológico de los Estados Unidos, nosotros reflexionamos en cómo el país está siendo golpeado desde todos los ángulos por catástrofes naturales.

Al Este, la temporada de huracanes continúa a lo largo de la Cuenca del Atlántico. El litoral mexicano fue golpeado por el huracán Katia, lo cual creó un ciclón justo al norte de Tecolutla como una tormenta categoría 1. Fuertes lluvias entraron al territorio mientras la tormenta se debilitaba, pero esto llevó a inundaciones y avalanchas al Este de la Ciudad de México. Todo esto en rápida sucesión con los huracanes Harvey e Irma, que golpearon el Caribe y el litoral de Estados Unidos, ha hecho de ésta, una temporada ocupada de huracanes en el Atlántico. Al Oeste, en el Pacífico Oriental también podría formarse un huracán durante los próximos días, lo que nos mantiene observando de cerca el pronóstico del National Hurricane Center.

El Popocatépetl es uno de los volcanes más activos de México y una amenaza constante para los más de 9 millones de personas

Mientras que la temporada de huracanes retumbó, un mortal terremoto en la costa de M = 8.1 golpeó la región de Chiapas, con muchas réplicas sembrando el pánico en la población. En el Centro, un terremoto de M = 7,1 en la región de Puebla colapsó edificios en la Ciudad de México, a 120 km de distancia, matando a cientos de personas. Esto ocurrió en el 32º aniversario de un mortal terremoto de M = 8.1 en la Ciudad de México, que mató a más de 5.000 personas y causó miles de millones de dólares en daños.

Además, el terremoto causó una pequeña erupción del Popocatépetl, un volcán a 70 km al suroeste de la Ciudad de México, y a 50 km al norte del epicentro del terremoto de M=7,1. El Popocatépetl es uno de los volcanes más activos de México y una amenaza constante para los más de 9 millones de personas que viven en su cercanía. Con más de 15 grandes erupciones documentadas en época histórica y un continuo período de actividad con explosiones esporádicas y flujos de lava durante la última década, México está demostrando ser un ejemplo de fuerza y resistencia ante la adversidad. Pero ¿ya se ha terminado, o queda más por venir?

Entendiendo los hechos

La Red de Investigación de Willis (WRN) está trabajando muy de cerca con uno de sus miembros más recientes, el Dr. Ross Stein, un sismólogo experto de reconocido prestigio a nivel internacional, CEO y cofundador de Temblor.net, y su equipo, para comprender las consecuencias e implicaciones para la Industria de Re/Aseguradora de esta cadena de eventos.

Según explicó en su reciente blog: “Dependiendo del modelo de subducción utilizado, el terremoto de hoy podría haber estado dentro de la placa de Cocos subductiva (Franco et al., 2005), o la placa norteamericana predominante (Hayes et al., 2012). Esta diferencia es una cuestión de cuánto baja la inmersión de la losa de subducción.”

Fuente: Temblor.net. Figura modificada de Franco et al., 2005 mostrando la localización de los dos recientes grandes terremotos en México. Además, muestra las áreas de ruptura de otros grandes terremotos históricos en el país. Por último, esta figura resalta cómo ambos grandes terremotos en las últimas dos semanas fueron probablemente eventos intraplaca en la subducción de la placa de Cocos

El profesor Shinji Toda de IRIDeS, de la Universidad de Tohoku, Japón, y miembro de WRN, también resaltaron que “a pesar de que los terremotos intraplaca tienden a no ser tan destructivos como los que ocurren en las zonas de subducción, son mucho más difíciles de predecir porque sus fuentes son totalmente invisibles.” Los terremotos intraplaca son relativamente raros, pero pueden infligir grandes daños, sobre todo porque estas áreas no están acostumbradas a terremotos. El Prof. Toda sugiere que una capa de losa aplastada podría ser una tercera fuente de grandes terremotos en México.

Vinculando la evidencia

El Dr. Ross Stein y su equipo sugirieron el 12 de septiembre que el terremoto de M = 8.2 del 7 de septiembre podría haber sido mucho peor. Una semana más tarde, un nuevo evento, de menor magnitud, se produjo en una zona totalmente impredecible y afectó a la Ciudad de México. Otros estudios realizados el 20 de septiembre mostraron que el efecto de estrés de Coulomb en el área rinde poca o ninguna evidencia para sugerir que el terremoto M = 8.2 está relacionado con el M = 7.1. Sus cálculos también sugirieron que, si acaso, el primer terremoto retrasó el segundo.

Fuente: Temblor.net. Este mapa muestra la ubicación de los terremotos en el sur y centro de México a partir del 7 de septiembre (día del terremoto M = 8.1 en Chiapas). En esta imagen, si un terremoto tiene un contorno negro, es un sismo principal, mientras que si no lo hace es la réplica de un sismo principal. Un punto interesante es que por encima del nivel de detección (M = 3), no se han producido réplicas del terremoto de ayer M = 7,1 en Puebla.

¿Detonante dinámico y el volcán Popocatépetl?

Anteriormente mencionamos que el terremoto de M = 7,1 provocó una pequeña erupción del volcán Popocatépetl ubicado a 50 km al norte del epicentro. Esto podría potencialmente cambiar las fuerzas que mantienen el sistema volcánico en equilibrio y causar una gran erupción. Pero ¿qué pasa si la opción contraria también es verdad? El estudio anterior sugiere que las ondas sísmicas del terremoto de M = 8.2 en Chiapas podrían haber desencadenado de forma dinámica las fallas distantes. Las ondas sísmicas “bombean bolsas de fluidos que lentamente se difunden en zonas de falla cercanas, lubricándolas hasta el punto de falla, como propone Parsons et al [2017]”. ¿Puede esta bolsa de líquido haber sido el gran depósito de magma debajo del Popocatépetl?

El terremoto de M = 7,1 (punto rojo) el 19 de septiembre fue a 50 km al sur del volcán Popocatépetl, y a 120 km de la Ciudad de México.

¿Qué sigue?

Por el momento hay muchas teorías y estudios en curso tratando de entender las consecuencias y las implicaciones de estos eventos. Aunque no hay una conexión clara entre ellos, tampoco hay suficiente evidencia para descartar la posibilidad de que éstos puedan desencadenar, estática o dinámicamente, nuevos terremotos o incluso erupciones volcánicas.

Si bien no podemos predecir el futuro, el trabajo inmediato después del evento por Stein y Toda, sugiere que la probabilidad de un gran terremoto en la región de Chiapas es ahora potencialmente más baja que antes. Sin embargo, no podemos ser complacientes y por supuesto continuaremos aprendiendo de lo que hemos visto este año para poder evaluar mejor el impacto futuro de eventos.

About Rosa Sobradelo

Rosa Sobradelo is part of the Willis Research Network where she coordinates research activities in the areas of geo…
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